Jarra de Pingüino – Museo Virtual

De cómo un “Mal Pico” devino en el cepaje que hoy impone un sabor Argentino en el mundo.

Fue a comienzos de la década del 50 del siglo XIX cuando por similares situaciones, dos hombres se encontraron en Santiago de Chile, Domingo Faustino Sarmiento huyendo de Rosas, Michel Aimeé Pouget de Napoleón III.

Se juntaron, seguramente hablaron de sus respectivos países, de educación, de libros y de vinos.

Cuando la situación política lo permitió, Sarmiento, ya de regreso en el país, invita al francés para que funde y dirija la Quinta Normal de Agricultura, tal vez la primera escuela de agronomía en el país. Entre otras muchas actividades Pouget importó de Francia varios cepajes uno de los cuales es hoy ‘nuestro cepaje’: el malbec.

Mal Bec, significa en francés Mal Pico, a todas luces un mal nombre, para un producto que tendrá que pasar por el juicio inapelable del sentido del gusto. Es precisamente el paladar que emitirá la aceptación o el rechazo de lo que se está probando.

Nombrar como ‘mal pico’ a un vino es tan contradictorio como decir que el continente antártico es ‘tropical’ o como creer que la emisión monetaria sin respaldo económico será un alivio para el bolsillo de los más necesitados.

¿Por qué, entonces tal nombre?

Se cree que el mismo proviene de un productor húngaro de apellido Malbek quien fue quien difundió en la región de Bordeaux la cepa Cot, que hoy lleva su nombre. Cuando las cepa Merlot desplaza a la Cot (Malbec) hacia Cahors, donde se hizo famosa como ‘el vino negro de Cahors’ obviamente por su color roji- negro.
Cuando la filoxera llega a Europa, proveniente de los Estados Unidos y ataca los viñedos primero en Francia a partir de 1863 y luego se extiende por el continente, diezmando viñedos y generando una crisis económica en el sector; las malas lenguas afirman que la cepa nunca se recuperó y que su nombre proviene de un gusto no muy agradable al paladar.
Sea una u otra la verdad, lo cierto es que hoy la cepa Malbec es orgullo y emblema de vino argentino en el mundo.

El trabajo de productores, el suelo mendocino y la brillante actividad de sabios enólogos terminaron de configurar un producto que hoy ennoblece a la vinicultura argentina.
Comer un asado de carnes jugosas y acompañarlo con un malbec es uno de los placeres que muestra tierra nos permite que se engalana si el vino decanta en una bella jarra de pingüino como las que se exhiben en el Museo Virtual de la Jarra de Pingüino.

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